Antidoctorados Honoris Causa 2025
«Sabio y sabia en saberes de vida»

Entregamos “Antidoctorados” y no Doctorados porque queremos significar de manera enfática lo que queremos ir siendo: una universidad que no es universidad, pero que es universidad, pero que no es universidad porque quiere ser otra cosa que vamos descubriendo. Y entregamos “antidoctorados”, y no doctorados como un modo de respeto y de reconocimiento a quienes, más allá de si tienen o no méritos académicos, investigaciones y libros publicados, consideramos sabias y sabios en los saberes de vida que nos comparten.

Hay una historia que cuenta Nuccio Ordine en su libro “La utilidad de lo inútil” que puede dar una idea de lo que queremos decir cuando decimos “Sabia y Sabio en Saberes de vida”. Es una historia inútil que por ello resulta útil:

“Había una vez dos peces jóvenes que iban nadando y se encontraron por casualidad con un pez viejo que nadaba en dirección contraria. El pez más viejo los saludó y les dijo: ‘ buenos días, chicos ¿Cómo está el agua?’ Los dos peces jóvenes siguieron nadando un trecho; por fin, uno de ellos miró al otro y le dijo, ¿Qué demonios es el agua?” Nuestros sabios y sabias en saberes de vida nos hacen ver lo que ya está allí y apenas nos damos cuenta.

ANTIDOCTORADOS HONORIS CAUSA 2025

"SABIA Y SABIO EN SABERES DE VIDA"

GRACIELA FRIGERIO

VICTOR MANUEL TOLEDO

ARMANDO BARTRA

Dice Angel Palerm que la Universidad tal y como la conocemos, tal y como está siendo, está convirtiéndose en una fábrica de producción y acumulación de pensamiento: un pensamiento que entra al mercado; un valor de cambio que se tasa en dinero, en prestigios y en reconocimientos. Y no es que, en la Universidad, en las universidades, no haya reductos de resistencia y libertad, los hay.

Frente a ello, nosotros apostamos por “hacer circular el pensamiento”. El pensamiento que circula no es como la circulación de mercancías: intercambio de valores de cambio. El pensamiento que circula supone un dar sin retorno esperado: dar la palabra, dar la escucha: compartir saberes de vida en los que nos va la propia vida. Eso es lo que estamos haciendo aquí: intentar crear condiciones y espacios para que el pensamiento circule. Es nuestra UCIRED.

Hacer circular el pensamiento tiene que ver con un dar sin condiciones, dice Derrida en su ensayo Universidad sin Condición que tanto nos ha inspirado. Nosotros queremos honrar a quienes, con lo que hacen, con su pensar, nos han dado, porque hacen circular el pensamiento.

Nuestros sabios y sabias en saberes de vida nos hacen ver lo que ya está allí y apenas nos damos cuenta. Leer la producción pedagógica de Graciela en los libros del Estante Editorial en Argentina y leer a quienes ella nos acercó en ese empeño editorial, cuando estábamos intentando darle forma a la primera maestría, la de pedagogía hace más de quince años, nos permitió ver lo que ya estaba allí, lo que ya estábamos intentando: de otro modo la educación que no la educación tradicional, ni la educación alternativa. Sus ideas y las de sus colegas nos permitieron “empalabrar” lo que ya hacíamos y no sabíamos nombrar: el amor pedagógico, el vínculo, el encuentro, el entre, la transmisión, la institución educativa: entramos de su mano a un universo de empalabramiento de lo pedagógico y lo educativo que no conocíamos. Y desde entonces no hemos parado de empalabrar.

Asentados a principios de los ochenta en Yahuitlalpan, la comunidad de apenas seiscientos habitantes donde surgió el CESDER, descubrimos el pensamiento de Victor no como una lectura académica de Universidad, sino como un saber que resonaba en nuestra cotidianidad: el esquema que presentó en un artículo de la revista de CONACYT acerca de la comunidad campesina y sus relaciones e interacciones con la naturaleza en un ambiente transformado y un ambiente natural, y los flujos hacia la sociedad (deficitarios y/o con excedentes), nos permitió entender la potencia de la comunidad, de las comunidades donde transcurría nuestra cotidianidad, de sus saberes, y sus modos de relación con el resto de la sociedad. Ese esquema formó a muchas, generaciones de estudiantes de telesecundaria, de preparatoria y de licenciados de nuestras escuelas. Descubrimos y nombramos el territorio y comprendimos la riqueza de relaciones con la naturaleza para su aprovechamiento: entendimos que había saberes campesinos potentes que hacían posible la vida en ese paisaje que se presentaba tan pobre. De allí para el real… la conversación con el pensamiento de Victor ha sido constante.

Aunque algunos de nosotros ya conocíamos la producción de Armando desde la Universidad, leer “La explotación del trabajo campesino por el capital” metidos en comunidades campesinas e indígenas nos permitió saber, ver y sentir cada uno de los modos del intercambio desigual de los campesinos y campesinas con los mercados de productos, de dinero y de trabajo. Entendimos con un saber de vida que compartíamos con las y los productores, lo que nos decía de la ley de San Garabato que se aplica al campesinado: “compra caro y vende barato” porque lo veíamos y vivíamos con ellos y ellas. El pensamiento de Armando sigue vigente en nuestros procesos de formación, tanto en la licenciatura como en las maestrías. La figura de “campesindios” que propone ha sido fundamental para nosotros. Hace pocos años, pocos, nos legó una nueva figura para nuestro pensar-hacer, figura que él recogió en un libro de más de 500 páginas: “la experiencia desnuda”, y que es figura que usamos en la práctica narrativa: las narraciones de los momentos y acontecimientos de “experiencia desnuda”.

Hay un autor francés, extraño y críptico en su producción, Etienne Souriau, que habla de personas que en su sabiduría de vida conjugan la inspiración, la capacidad de aventurarse y el ser “sondeadores”. Para nosotros y nosotras Graciela, Victor y Armando son personas inspiradas, llenas de fuerza por la vida al hacer lo que hacen, al pensar y compartir lo que piensan. Son también aventurera y aventureros: a lo largo de sus vidas han emprendido travesías, emprendimientos, han rebuscado y pensado hasta dar con las figuras exactas, las ideas que querían compartir.

Cuando digo que nuestros sabios y sabias son personas inspiradas y aventureras, lo que digo se entiende con meridiana claridad. Lo que yo quiero destacar es que son “sondeadores” de acuerdo con la figura que propone Souriau. La siguiente es la imagen que propone Souriau: las y los sondeadores se encuentran en la proa del barco, miran a lo lejos, pero sobre todo su preocupación, su responsabilidad, aquello para lo cual están preparados y quieren hacer, son los lugares donde se colisiona, los obstáculos con los que se choca, las barreras de arena donde el barco queda varado. Su cuestión propia es, debe ser, ¿se puede pasar por allí y cómo? Y siempre tienen algo que decirnos al respecto.

Este es un agradecimiento: ustedes siempre tienen algo que decirnos en lo que estamos haciendo.

¡Gracias!